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Más Motor | Dakar 2013

Laia Sanz: "Lloré, pero nunca pensé en abandonar la prueba "

Consiguió llegar a Santiago pese al vía crucis padecido en la última semana, en la que sufrió averías y apenas pudo dormir. "Acabaré la ciento y pico, pero es mi mejor Dakar".

Héctor Martínez

El Dakar no sabe de números. Si no, no se entendería la alegría de Laia Sanz pese a que para encontrar su nombre y apellido en la general haya que bajar varios pisos. Ha sido 93ª (primera mujer) pero, visto su vía crucis de la última semana, Santiago le suena a victoria.

No sé si llegó a pensar que Santiago quedaba muy lejos...

La carrera se complicó tanto que se me pasó por la cabeza. ¡Pero aquí estoy! Y orgullosa de mi trabajo, de mi equipo, de la moto. Todo eso me hace feliz.

Permita que le amarguemos la fiesta y volvamos a las terribles jornadas 9ª y 10ª que le pusieron a prueba. ¿Cómo empezó a torcerse todo?

Con una avería en el vaporizador. La moto perdió aceite y entró polvo, algo increíble. Son motores con los que podrías hacer tres dakares, pero... Le ocurre a uno de cada dos mil motores, y me pasó a mí.

Y en un día de por sí duro.

Y muy largo aunque todo hubiera ido bien. Sufrí la avería, estuve dos o tres horas parada. Miguel (Puertas, su mochilero) venía detrás. Lo arreglamos como pudimos, pero se volvió a parar. Quedaban 30 km para el final de ese primer tramo de la especial y decidimos que él me remolcara con una cuerda.

Y ahí arrancó una peripecia interminable.

Sí, seguimos así los 120 km de neutralización. Nos iban a cerrar la especial y dijimos que nos dejaran, que el motor se arreglaría. ¡Mentira, al final tiramos 300 kilómetros así!

Se elucubró sobre cuántas veces se cayó. ¿Dos, tres?

Más, más. Había muchos baches, fesh fesh (arena muy fina). Miguel frenaba y yo, pese a estar muy atenta, a veces me iba al suelo por no chocar con él. Además, la cuerda se liaba en la rueda. ¡Me pegaba unas galletas de narices! Pero llegamos al campamento.

Inició la etapa a las 4:15 y llegó al vivac a las 5 de la madrugada. Veinticinco horas sobre la moto. ¿Durmió?

Los mecánicos arreglaron el motor y yo dormí hora y cuarto.

¿Logró despertarle la alarma?

Me despertó Miguel Ángel, el fisio; se ve que me quedé dormida diez minutos más, pero me levanté y otra vez estaba en ruta.

Y de nuevo los problemas.

Pues sí. Ibamos muy bien, pero a 80 km del final de la especial se rompió la araña; es el sistema donde van las luces e instrumentos de navegación como el GPS o el Iritrack. Tuve que parar, desenchufarlo. Y decidí colgármelo en la espalda.

Una araña en la espalda...

La etapa se me hizo interminable, llegué reventada al vivac, con un calor asfixiante.

¿Pensó en abandonar?

No, nunca. Cuando me decían que iban a cerrar la especial sentía impotencia, pero nada más.

No es ánimo cinematográfico, pero ¿llegó a llorar?

Sí. Se te vienen a la cabeza los mecánicos, la gente de Gas Gas, los que trabajaron para que tú estés aquí. Por eso pude acabar.

Puertas tuvo mucha culpa de ello.

Sin él no sé si habría podido soportarlo. Se ponía en plan militar (es comandante, Jefe de la Patrulla Águila) y le hacía caso.

Ha sido una especie de mili.

(Risas) Sí, acelerada. Gracias a esa mili llegué al final.

En las últimas etapas volvió a estar muy arriba.

Sin las averías habría quedado entre los 25 o 30 primeros.

Recurramos al tópico y pensemos que eso curte.

Seguro. Estoy satisfecha del Dakar, de cómo he navegado. ¡No me perdí ni un día! Eso ayuda para acercarnos a los mejores.

Entre ellos está Despres. ¿No le ha parecido muy fácil su victoria?

No. Pain apretó, pero le falló el cambio. Chaleco también. Aquí no hay nada fácil. Lo que pasa es que Cyril es gato viejo.

¿Sabe lo de su polémico cambio de motor?

Sí, pero bueno... Creo que se ataca mucho a Cyril. Yo le admiro como piloto, es muy fino. Y de coco es de los más fuertes.

Acabemos. ¿Está feliz con el Dakar que ha hecho?

Acabaré la ciento y pico, pero es mi mejor Dakar. Estoy lista para más.

Por lo pronto descanse. ¿Qué es lo primero que hará al llegar a casa?

Tirarme en el sofá. Ah, y comer pa amb tomàquet y butifarra.

Muy de la tierra. ¿Y la cama?

No se crea, al final no era tan mala la cama de la caravana.

Me refería a dormir...

Ah, eso sí. Pagaría más por dormir que por comer. Incluso en el suelo. ¡Qué gusto!

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